TEGUCIGALPA.- Sola y adolorida, se levanta todas las mañanas con la parsimonia de una señora de su edad. Recoge su bastón y se coloca sus sandalias para visitar, dos casas al lado, la “pulpería” en la que tiene un crédito para poder alimentarse.

Doña Mariana, como la conocen sus vecinos, no va a la pulpería a buscar solo qué comer, también le gusta platicar. La señora alcanza a pagar gracias a lo que le envía su única hija que se fue hace más de ocho años a Estados Unidos.

Pese a la pandemia de covid-19, la hija de doña Mariana no ha dejado de enviar el dinero ningún mes. Y así como ella, las remesas de miles de migrantes han sido vitales para mantener a flote la economía de Honduras.

De acuerdo con el Banco Central de Honduras (BCH), en los primeros tres meses de 2021, específicamente hasta el 25 de marzo, a Honduras habían ingresado 1,459.4 millones de dólares por concepto de remesas.

La cifra supone un incremento comparado con el período anterior, cuando fue de 1,209 millones de dólares y el mundo vivía lo más fuerte del confinamiento por el covid-19.

Pero a pesar de ser un gran alivio para la economía nacional, la migración que hay detrás de las remesas tiene aspectos socioeconómicos negativos para la sociedad hondureña, como la desintegración familiar, la dependencia de ingresos no seguros y la creación de una cultura de migración.

Impacto en las familias

Para Obed García, técnico economista del Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (Fosdeh), no es prudente para el país que el ingreso de remesas sea mayor a la exportación de los bienes principales.

“Es alarmante ver que el principal producto de exportación son los hondureños que se ven obligados a salir de su nación y de esa manera pueden sostener las economías de sus familias y, por lo tanto, la economía nacional”, lamentó García.

Según el sociólogo Marlon Ochoa, “la falta de oportunidades en Honduras es la causante de desarmar los núcleos familiares, todo esto a cambio de poder sobrevivir mes a mes”.

“Este sacrificio no vale la pena y el Estado debería buscar la forma de aumentar las tasas de empleo y de inversión extranjera para así evitar la migración masiva”, sugirió el sociólogo.

De acuerdo con la última encuesta semestral de remesas del BCH, los migrantes que reportan envío de remesas en su mayoría viven en Estados Unidos (93.1%) y España (1.7%).

En aumento

Es evidente el sacrificio de los migrantes. A través de sus giros, y pese a la pandemia, enviaron alrededor de 5,757 millones de dólares en 2020. La cifra es superior al 2019, con 5,480 millones de dólares.

Las remesas son la mayor fuente de ingresos a Honduras y superan, incluso, a las exportaciones de materia prima, los ingresos por servicios, los movimientos financieros y las exportaciones por maquila, entre otros. Todo apunta que el 2021 también va por una tendencia de incremento.

De acuerdo con el informe del Programa Monetario del BCH, hay una expectativa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para los países de la región fundamentado por la expectativa de las campañas de vacunación, lo que permitiría un aumento en la tasa de empleos en Estados Unidos, y por lo tanto, en las remesas.

Para el caso, Estados Unidos ha vacunado (de forma completa) casi al 30% de su población.

Según el Banco Mundial, el ingreso de remesas al país representa alrededor del 24% del PIB, suficiente para mantener en pie no solo a doña Mariana, sino a una economía en desarrollo como la de Honduras.

EL HERALDO