Mundo.- En una época de crisis global, cuando el nuevo coronavirus ha infectado a más de 100.000 personas, ha cobrado más de 3400 vidas y casi ha cerrado industrias enteras, los científicos y los funcionarios de salud pública del mundo están trabajando juntos a través de fronteras nacionales e ideológicas para detener la epidemia.

Sin embargo, a medida que el virus sigue propagándose con rapidez, los líderes políticos de muchos países parecen haber aprovechado una pregunta diferente: ¿de quién fue la culpa?

El descontento público con los líderes mundiales se ha propagado casi tan rápido como el virus, el cual ha llegado a más de 80 países. Además, cuando esos líderes buscan un culpable en cualquier otro lado, tienden a apuntar con el dedo en las direcciones más predecibles, aprovechándose de viejas hostilidades.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intentó desviar las críticas en contra de la respuesta de su gobierno achacando las deficiencias en las pruebas del gobierno de su antecesor, Barack Obama.

Trump —cuyos críticos han hecho notar sus recortes a los programas de salud y sus pronunciamientos optimistas pero poco realistas sobre la nueva enfermedad— tuvo un extraño momento de avenencia con el presidente de Irán, Hasán Rohaní. Los dos hombres aseguraron que sus enemigos tenían el cinismo de atizar el temor por el virus.

Según los expertos, al enfrentar un virus veloz y desconocido, es inevitable que hasta los mejores gobiernos queden desprevenidos y cometan errores.

El 5 de marzo, en su reproche público más fuerte hasta la fecha, el presidente de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, expresó su frustración con los gobiernos que, según él, no han tomado el virus con la seriedad necesaria.

“No es el momento para dar excusas”, señaló. “Es el momento de hacer todo lo posible”.

“En algunos países, el nivel de compromiso político y las acciones que demuestran ese compromiso no coinciden con el nivel de la amenaza que enfrentamos todos”.

NYTimes